Entrada al azar

      jueves, 17 de enero de 2019

      UNA CONVERSACIÓN PRIVADA (Saiz de Marco)



      Mientras estaba sentado en el tribunal, su esposa
      le mandó a decir: “No te metas con ese justo, que
      hoy, en sueños, he sufrido mucho por su causa”.
      (Mt 27,19)


      -¿Qué piensas hacer con el agua?

      -¿Qué agua?

      -La que has usado para lavarte las manos.

      -Pues tirarla, ¿qué quieres que haga?

      -La suciedad pasará a la tierra y se quedará para siempre.

      -Bien, pues dime qué crees que debo hacer. ¿Ahorcarme, como el que lo entregó? Ya ves que a esos exaltados no hay quien los pare: he mandado que lo azoten y no han tenido bastante; les he amenazado con soltar a Barrabás y lo han preferido. Están dispuestos a todo con tal de matarlo. Si no lo autorizo habrá una rebelión. Lo matarán igual y a mí me arrastrarán con él.

      -¿Y si haces que lo crucifiquen el viernes?

      -¿El viernes?

      -El viernes por la tarde. Seguro que al oscurecer se largan. Esa gente es así: los sábados tienen prohibido hasta sonarse los mocos.

      -Quieres decir que podríamos hablar con alguien. Una persona de confianza que lo descuelgue de la cruz cuando todavía no esté muerto.

      -Veo que me has entendido.

      -Pero ¿qué pasará si después lo ven vivo? Sería volver a empezar.

      -Sí, claro, hay que hablar con él. Después tiene que irse: marcharse lejos y no regresar. Fíjate que corre el rumor de que revivió a otros y él mismo podría hacerlo. Pues aun así tendría que largarse. Si resucitara diez veces, lo matarían once.

      -Puedo intentar decírselo. A él su vida no le importa. Ya lo has oído: “mi reino no es de este mundo”. Pero quizá acepte por su madre.

      -Está claro que, aunque a él lo maten, a su madre no la dejarán tranquila.

      -Estaba triste por eso cuando conversé con él. Es el hombre más raro que he conocido. ¿Sabes?: nunca ha estado en Roma pero entiende el latín. Y hay algo insondable en su mirar. En fin, puede que consienta ir con su madre a las montañas, más allá de Damasco… Bajaré a verlo al calabozo.


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